Una tesis de la UEx demuestra que los sesgos psicológicos condicionan el ahorro para la jubilación
- La tesis doctoral de Samuel Calderón Ortiz identifica cuatro perfiles de ahorradores y concluye que las emociones y los sesgos psicológicos influyen más de lo esperado en las decisiones de inversión para la jubilación.
La investigación analiza cómo influyen los atributos financieros y no financieros en la toma de decisiones sobre los planes de pensiones privados, prestando especial atención al papel de la inversión sostenible, los incentivos fiscales y los llamados sesgos conductuales, es decir, aquellos factores psicológicos y emocionales que condicionan las decisiones económicas. Este es el principal objetivo de la tesis doctoral titulada Preferencias de inversión y sesgos conductuales en el ahorro para la jubilación: incentivos fiscales y experimento de elección en planes de pensiones privados defendida en la Universidad de Extremadura (UEx) por Samuel Calderón Ortiz, y dirigida por los profesores Carlos Díaz Caro y Ángel Sabino Mirón Sanguino.
“El inversor español no solo busca rentabilidad y menos impuestos, sino que también apoya la sostenibilidad, guiado por impulsos y emociones que varían según su perfil socioeconómico”, así resume el investigador Samuel Calderón Ortiz una de las principales conclusiones de su investigación en el área de Economía Financiera y Contabilidad.
Uno de los hallazgos más destacados del trabajo es que no existe un “inversor medio” sino una marcada segmentación conductual en el mercado español. Para llegar a esta conclusión, el investigador realizó una revisión de la literatura científica internacional y un experimento de elección con inversores españoles en planes de pensiones. Los resultados permitieron identificar diferentes perfiles o «clústeres conductuales» con comportamientos claramente diferenciados.
A través de un exitoso análisis de clústeres, se evidencia que las teorías de la optimización fiscal, la inercia conductual y la preferencia por la sostenibilidad no son excluyentes, sino que describen a perfiles diferenciados de ahorradores. Así, el clúster «Sofisticado» responde con racionalidad económica a los incentivos fiscales; el clúster «Inerte» permanece bloqueado por el sesgo de statu quo requiriendo mecanismos de empuje como el auto-enrollment; el clúster «Temeroso» sufre una parálisis por aversión a la pérdida ante la percepción de menor rendimiento; y el clúster «Concienciado» prioriza el impacto social y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por encima de las métricas financieras tradicionales.
“Los sesgos conductuales son clave en las elecciones financieras, siendo la aversión a la pérdida el factor más relevante en términos de elección, seguida del exceso de confianza y el statu quo”, describe Calderón. De acuerdo con el estudio, este miedo a perder es el que mayor influencia tiene sobre la sostenibilidad, logrando que los inversores acepten sacrificar rentabilidad con tal de incluir objetivos vinculados a los ODS. Por el contrario, el sesgo de statu quo actúa como un freno absoluto, provocando que las personas se queden estancadas y rechacen invertir en la contribución a dichos objetivos de desarrollo sostenible.
Aplicaciones para entidades financieras y responsables políticos

Samuel Calderón Ortíz
Los resultados muestran que las políticas actuales para fomentar el ahorro de cara a la jubilación no siempre funcionan porque suelen estar centradas en un único incentivo “racional”, ofreciendo ventajas fiscales a todos los ciudadanos por igual. Sin embargo, “nuestra investigación demuestra que los ahorradores no responden de la misma manera. Existen perfiles muy diferentes, condicionados por factores psicológicos, emocionales y socioeconómicos, por lo que una misma medida no resulta igual de eficaz para todos”, matiza Calderón.
Este hallazgo también tiene implicaciones para las entidades financieras y los asesores. Tradicionalmente, los clientes se clasifican según variables como la edad, los ingresos o el nivel de riesgo que están dispuestos a asumir. Sin embargo, estos criterios resultan insuficientes. Incorporar aspectos relacionados con el comportamiento y la psicología del inversor permitiría diseñar productos y estrategias de asesoramiento más adaptados a las necesidades reales de cada persona.
Además, basar el fomento del ahorro únicamente en incentivos fiscales puede aumentar las desigualdades. Las personas con mayor educación financiera suelen aprovechar mejor estos beneficios, mientras que otros perfiles, condicionados por el miedo a perder dinero o por la tendencia a no tomar decisiones financieras, pueden quedarse al margen. Como consecuencia, estas diferencias podrían traducirse en mayores desigualdades económicas durante la jubilación.
Por otra parte, la investigación muestra que muchas personas valoran que sus inversiones contribuyan a objetivos sociales y medioambientales, pero diversos factores psicológicos dificultan que esta preferencia se traduzca en decisiones reales de inversión. Comprender estas barreras puede ayudar a diseñar políticas y productos financieros que favorezcan un ahorro más sostenible.
Fuente: Servicio de Difusión de la Cultura Científica de la UEx
Referencia bibliográfica:
Preferencias de inversión y sesgos conductuales en el ahorro para la jubilación: Incentivos fiscales y experimento de elección en planes de pensiones privado (Repositorio institucional de la UEx, DEHESA)